Hoy
es la fiesta mayor de un pueblo del Penedés muy importante pero por todo el
tema del cov-19 la han cancelado. Entonces la gente se ha dedicado a disfrutar de
su día festivo desayunando en una cafetería, o al menos, ésta ha sido mi
percepción. La cafetería de las cristaleras y la del aparato reproductor de
música antiguo... Aún continúa todo en la misma posición. Yo le pondría una
mascarilla por si las moscas. Moscas no hay, todo sea dicho pero hace un frío
que corta la respiración así que yo fui previsora y me he puesto una camisa y
los calcetines con zapatillas. Mientras tanto a mi lado noto que alguien habla en inglés…y no, no son imaginaciones mías por mi deseo imperioso
de irme al Reino Unido o lo que es lo mismo UK. Miro de soslayo y veo una
maleta y pienso que podría meterme en ella pero que no voy a caber. Son dos chicas,
tienen un acento perfecto inglés pero aún no acabo de ver si son inglesas. Esto
es una señal, posiblemente ya me queda menos para irme. Todo está escrito. Y yo
sigo escribiendo porque aún me queda bastante pero tengo todo el tiempo del
mundo, del mío, no necesito los mundos de nadie. Y mientras tanto la ciudad de
vacaciones sigue donde siempre y la gente apura los últimos segundos de sus
estancias… yo también apuro mi café que si no se enfría con estos aires… A mi
izquierda hay un señor con patines y un bebé; esto tampoco lo había visto nunca
y hace años que visito cafeterías por un motivo u otro. Una reunión, un encuentro,
una entrevista, infinitos momentos e infinitas situaciones. Pero en fin, voy a
seguir y como digo yo siempre… La vida continúa. Voy a taparme al salir porque
me pegará la ola fuerte de calor y eso puede ser un fuerte golpe. Y nada, que
hoy he dejado a la gallina descuidada y ella a mí porque también ha notado el
frescor del pre-otoño y esto, en las gallinas no lo tengo identificado pero,
posiblemente como en todo ser vivo repercute de un modo u otro. Y la vida
continúa…
Me
dijiste que me querías…eso era ayer …

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