A veces tenemos que hacer cosas que nos resultan un verdadero " peñazo " y renegamos por ello.
" Vivir no es sólo existir, sino existir y crear, saber gozar y sufrir, y no dormir sin soñar. Descansar, es empezar a morir " Gregorio Marañón
El día de ayer fue un día precioso y lo atesoro, con mucho cariño en una parte grande de mi corazón .Felices 49 !!!
A pesar de la lluvia, no paramos el tiempo porque la vida es eso, disfrutar de ella cada instante sin pensar en los pequeños contratiempos que puedan surgir...Y para desayunar, un clásico madrileño, chocolate con churros... Y saboreamos los manjares de la cocina mediterránea como la paella valenciana , en concreto " arroz del senyoret " riquísimo.. y reimos... Y recorrimos las calles de Valencia como si hubiesen sido creadas para el momento y para nosotras, Xàtiva, la plaza redonda, la plaza del Ayuntamiento, la catedral,... Y descubrimos debajo de la figura creada en honor a las fallas y plantada cerca del Ayuntamiento, una pieza algo extraña no del todo identificada pero colocada también para el momento y digna de ser mencionada...y reimos... Y se respiraba el silencio pero se mascaba el crujir de nuestros pasos besando la lluvia ,sintiendo las gotas a cada paso...
Porque la vida es eso, disfrutarla, compartir pequeños momentos pero por encima de todo sentir... Sentir dentro de ti cada cosa que hagas como si fuese la cosa más maravillosa jamás contada, jamás vivida...
Con cariño para Gema y Pedro
Ha llegado el momento de hacer un trabajo grupal " on line " de PRL ( Prevención de riesgos ) y la tarea en cuestión es hacer un plan de igualdad ( de una empresa ficticia..) . Lo cierto es que me gustaba más antes cuando se hacían las cosas " in situ " ya fuese en una cafetería, sala de reuniones o donde se pudiese.. Pero los tiempos cambian y no queda otra que adaptarse al lugar y momento si quieres avanzar en la vida... Y para coger fuerzas y " pillar al toro por los cuernos ", he salido al patio y me he quedado absorta observando una rosa del rosal de mi vecino.. Era como si hubiese nacido para el momento.... Me he acercado a ella y he sentido su aroma; una flor mágica, un amuleto capaz de reavivar los sentidos, la imaginación y la magia...
Me encanta viajar los días de lluvia...
... Y la música continua
-¿A quién quieres más, hombre enigmático, dime, a tu padre, a tu madre, a tu hermana o a tu hermano?
-Ni padre, ni madre, ni hermana, ni hermano tengo.
-¿A tus amigos?
-Empleáis una palabra cuyo sentido, hasta hoy, no he llegado a conocer.
-¿A tu patria?
-Ignoro en qué latitud está situada.
-¿A la belleza?
-Bien la querría, ya que es diosa e inmortal.
-¿Al oro?
-Lo aborrezco lo mismo que aborrecéis vosotros a Dios.
-Pues ¿a quién quieres, extraordinario extranjero?
-Quiero a las nubes..., a las nubes que pasan... por allá.... ¡a las nubes maravillosas!
Poseidón estaba sentado frente a su mesa de trabajo y calculaba. La administración de
todas las aguas le daba un trabajo infinito. Habría podido tener toda la ayuda que hubiera
querido y, ciertamente, tenía mucha, pero como se tomaba su cargo muy en serio, lo
calculaba todo una vez más y así apenas le servían de algo sus auxiliares. No se puede
decir que le gustara su trabajo, en realidad sólo lo realizaba porque se lo habían impuesto.
Con frecuencia se había ofrecido para realizar un trabajo más alegre, como él lo
expresaba, pero siempre que se le hacían propuestas resultaba que ninguna se podía
equiparar con su cargo actual. Además, era muy difícil encontrar algo diferente para él.
Era imposible adjudicarle, por ejemplo, un mar determinado, aparte de que aquí el trabajo
de cálculo no era más pequeño, sino más meticuloso, aunque el gran Poseidón podría
mantener aún una posición dominante. Y si se le ofrecía un puesto fuera del agua, se ponía
enfermo sólo de imaginarlo, su respiración divina se alteraba, su broncíneo tórax
temblaba. Por lo demás, sus quejas no se tomaban realmente en serio; cuando un poderoso
protesta, hay que intentar transigir hasta en los asuntos con menos probabilidad de éxito;
nadie pensaba seriamente que Poseidón pudiera ser destituido del cargo. Desde tiempos
inmemoriales había sido designado dios de los mares, y así tendría que seguir siendo.
Lo que más le enojaba —y esto era lo que causaba principalmente su insatisfacción
con el cargo— era oír las ideas que se tenían de él; cómo él, por ejemplo, no paraba de
desplazarse a través del oleaje con su tridente. En vez de eso se pasaba todo el día sentado
en las profundidades del océano y calculaba ininterrumpidamente; una visita de vez en
cuando a Júpiter era lo único que rompía la monotonía, un viaje del que, por lo demás,
regresaba furioso la mayoría de las veces. Por esta razón, apenas había visto los mares,
sólo de un modo fugaz durante la rápida subida al Olimpo, y jamás los había atravesado.
Solía decir que esperaba hasta el fin del mundo, entonces se produciría un instante de
tranquilidad en el que, poco antes del final y después de revisar las últimas cuentas, podría
realizar una pequeña y rápida gira.
Me desperté repentinamente, miré la hora en el móvil, me giré la miré a ella y vi que aún dormía. Me levanté sigilosamente pero“ mis sigil...