jueves, 26 de noviembre de 2020

Estoy en un punto...

 Estoy en un punto de mi vida, en el cual me apetece estar sola y si alguien me dice para quedar , vernos o lo que corresponda, le diría- mira gracias pero es que no me apetece. Y perfectamente podría decirlo y si alguien se molesta pues mira tiene dos trabajos... Eso decían en mi pueblo...¿ Qué pueblo ? Madrid .


Hoy al volver del trabajo o llamémosle ocio, tenia unas ganas imperiosas de tomarme un zumo de tomate. Para mí ya es todo un logro cambiar cualquier bebida " reazucarada " y excitante por el zumo de marras.

Y la vida continúa... y lo que ayer era una coliflor hoy se convierte en  flor a secas... pero resplandeciente la flor...




lunes, 23 de noviembre de 2020

... De Charles Bukowski

 “La gente se aferra a la costumbre como a una roca, cuando en realidad debería desprenderse y zambullirse en el mar. Y vivir”.

--
Charles Bukowski.
Alemania, 1920 - 1994

sábado, 21 de noviembre de 2020

Andrew Wyeth. El mundo de Cristina (1948).

 

El mundo de Cristina (1948). Andrew Wyeth.
Temple sobre tabla. 82 cm x 121 cm.
Moma. Nueva York, Estados Unidos.

 

El Mundo de Cristina es una de la imágenes más reconocidas del arte norteamericano. Uno de los cuadros más populares de ese país.

La obra es de una época (que se inicia por los años 30) donde hay un movimiento que busca retratar con fidelidad el ambiente rural de los Estados Unidos. Es un movimiento que va contra la corriente modernista, de las vanguardias, y justamente busca rescatar la tradición, las costumbres, la cultura regional. Por ello se lo llama “regionalismo”.

El estilo es obviamente clásico, realista, (contrario a toda renovación en las maneras de representar que trajo consigo la modernidad en el arte). Y podemos observar que Wyeth es un pintor realista muy preciso, detallista al extremo (lo notamos en las pinceladas que le dedica a cada hierba).

Andrew Wyeth resulta muy popular en su momento, pero será opacado por luego por los movimientos que desviarían la atención del mundo de arte hacia los Estados Unidos (primero el expresionismo abstracto, después el pop). Irónicamente, lo terminarán considerando “demasiado conservador”. Tardará un tiempo en ser reivindicado, pero al menos esa reivindicación le llega en vida, algo que no suele ser tan común en la historia del arte.

Desde un principio, su popularidad no se debe sólo a ese “fervor regionalista” que defiende la tradición de un pueblo tan orgulloso de sí mismo, sino que sus obras tienen además una fuerte carga de sensibilidad y de cuestiones de la existencia que provocan y conmueven.

En este cuadro, retrata a una de sus “modelos” de una granja vecina , Cristina Olson, que en la vida real no puede usar sus piernas, pero que no utiliza silla de ruedas sino que prefiere arrastrarse por sus medios.

Wyeth busca reflejar la fuerza de voluntad de la que es capaz el ser humano. Él mismo dice: “El desafío para mí era hacer justicia a la extraordinaria conquista de una vida que la mayoría de la gente consideraría desesperada”. Y agrega: “Si he sido capaz de hacer que el espectador sintiera que su mundo puede ser limitado físicamente, pero de ninguna manera espiritualmente, entonces he logrado lo que me propuse hacer”.

Rocco Hunt, Ana Mena - A Un Passo Dalla Luna (Official Video)

Un poco de música siempre va bien .... para renovar la sangre y el espíritu....

jueves, 19 de noviembre de 2020

19 de noviembre

 


19 de noviembre._

Y pasan los días y las horas y los minutos y segundos…y a pesar de que puedan sonar contradictorias mis palabras, yo continúo en el mismo lugar; donde no existe ni el espacio ni el  tiempo…

Son las 20:38, he terminado de cenar y acompañada del silencio he salido al patio de la casa  y me he sentado en las escaleras a observar mi entorno. A mi derecha, un par de carteles iluminados por un foco casi apagado al igual que los lugares que indica: “Palacio d’or “hacia la izquierda y campos de fútbol hacia la derecha. Ninguno de los dos tiene luz ni tan siquiera oro… Para oro, la hermosa luna que hoy y siempre nos acompaña porque aunque haya nubes, ella suele dejarse ver siempre por algún lugar del infinito cielo... Ella es mágica como no puede ser de otra manera, incondicional, además de puntual y precisa. Si la especie humana fuese un poco como la luna, posiblemente el mundo sería algo distinto. Pero tampoco he venido yo a cambiar el mundo aunque si a contribuir a que mejore un poquito. Lo justo y necesario…

El perro duerme feliz y los pocos vecinos del entorno respiran en silencio… Y la magia continúa…

martes, 17 de noviembre de 2020

Nunca le pregunto a un hombre...

 "Nunca le pregunto a un hombre a qué se dedica, porque no me interesa. Le pregunto acerca de sus pensamientos y sus sueños. Más allá de nuestras iniciativas hechas para sobrevivir está lo que nos hace vivir".

H. P. Lovecraft.

Extraído de facebook de la página: Pijama surf

jueves, 12 de noviembre de 2020

Hoy recordando al gran pintor del Siglo de Oro Español, el gran Diego Velázquez. Hoy por hoy, si D. Diego Velázquez levantara la cabeza, también podrían pintar unos cuantos cuadros...
Las hilanderas
La fábula de Aracne en su versión más barroca
Museo: Museo del Prado, Madrid (España)
Técnica: Óleo (222,5 cm × 293 cm.)
Escrito por: Miguel Calvo Santos
Puro teatro barroco sobre un escenario (en realidad varios) minuciosamente compuestos por un Velázquez extraterrestre que nos quiere contar la fábula de Aracne desde otra perspectiva más intelectual e ingeniosa, al modo de los grandes cerebros del Siglo de Oro español.
Aracne, según Ovidio, era una joven que tejía tan bien que presumía de ello continuamente e incluso andaba diciendo por ahí que lo hacía mejor que la diosa Atenea. Harta de tanta chulería, Atenea se disfrazó de vieja y la retó a un concurso para hacer el mejor tapiz y a la presumida Aracne no se le ocurrió mejor tema que representar las infidelidades de los dioses. Atenea, ofendida, se quitó el disfraz y decidió zanjar el asunto convirtiéndola en una araña. Es por ello que las arañas tejen tan bien.
Velázquez aprovecha esta historia para hacer una reflexión sobre la creación y representa el taller de Aracne con la joven artista tejiendo con maestría (de espaldas a la derecha) y la diosa disfrazada de vieja a la izquierda. Sabemos que es ella por la pierna de adolescente que nos muestra.
No podemos más que asombrarnos con esta maravilla pintada con la famosa perspectiva aérea del genio, y tener un sthendalazo con el virtuosismo con el que el pintor capta el movimiento de la rueca. Hasta el movimiento del gato es espectacular. Todo el cuadro parece moverse.
Al fondo, en ese segundo escenario, Velázquez pinta de nuevo a los personajes frente a un tapiz (hasta parecen formar parte de él). En él vemos representados los amores libidinosos de Zeus, el papá de Atenea (en concreto el rapto de Europa). Es el desenlace de la fábula y la diosa ya tiene sus atributos: armadura y muy mala hostia… Va a transformar a la joven Aracne en araña, condenada a tejer eternamente
Tenemos así varias escenas en una sola, varios juegos teatrales, varias representaciones, varios conceptos en uno solo. Es un juego típico del Barroco. Velázquez deja la escena de en frente poco iluminada y dota de más luz a la escena del fondo, para crear un juego de miradas en el espectador y asegurarse de que captamos lo que quiere decir.


 

lunes, 9 de noviembre de 2020

La última noche del mundo ( Relato de Ray Bradbury )

 LA ÚLTIMA NOCHE DEL MUNDO -¿Qué harías si supieras que ésta es la última noche del mundo? -¿Qué haría? ¿Lo dices en serio? -Sí, en serio. -No sé, no lo he pensado. El hombre se sirvió un poco más de café. En el fondo del vestíbulo las niñas jugaban sobre la alfombra con unos cubos de madera, bajo la luz de las lámparas verdes. En el aire de la tarde había un suave y limpio olor a café torrado. -Bueno, será mejor que empieces a pensarlo. -¡No lo dirás en serio! El hombre asintió. -¿Una guerra? El hombre sacudió la cabeza. -No. -¿La bomba atómica o la bomba de hidrógeno? -No. -¿Una guerra bacteriológica? -Nada de eso -dijo el hombre, revolviendo suavemente el café-. Sólo, digamos, un libro que se cierra. -Me parece que no entiendo. -No. Y yo tampoco, realmente. Sólo es un presentimiento. A veces me asusta. A veces no siento ningún miedo, y sólo una cierta paz. -Miró a las niñas y los caballos amarillos que brillaban a la luz de la lámpara-. No te lo he dicho. Ocurrió por primera vez hace cuatro noches. -¿Qué? -Un sueño. Soñé que todo iba a terminar. Me lo decía una voz. Una voz irreconocible, pero una voz de todos modos. Y me decía que todo iba a detenerse en la Tierra. No pensé mucho en ese sueño al día siguiente, pero fui a la oficina y a media tarde sorprendí a Stan Willis mirando por la ventana, y le pregunté: ¿Qué piensas, Stan?, y él me dijo: Tuve un sueño anoche. Antes que me lo contara yo ya sabía qué sueño era ése. Podía habérselo dicho. Pero dejé que me lo contara. -¿Era el mismo sueño? -Idéntico. Le dije a Stan que yo había soñado lo mismo. No pareció sorprenderse. Al contrario, se tranquilizó. Luego nos pusimos a pasear por la oficina, sin darnos cuenta. No concertamos nada. Nos pusimos a caminar, simplemente, cada uno por su lado, y en todas partes vimos gentes con los ojos clavados en los escritorios, o que se observaban las manos, o que miraban la calle. Hablé con algunos. Stan hizo lo mismo. -¿Y todos habían soñado? -Todos. El mismo sueño, exactamente. -¿Crees que será cierto? -Sí, nunca estuve más seguro. -¿Y cuando terminará? El mundo, quiero decir. -Para nosotros, en cierto momento de la noche. Y a medida que la noche vaya moviéndose alrededor del mundo, llegará el fin. Tardará veinticuatro horas. Durante unos instantes no tocaron el café. Luego levantaron lentamente las tazas y bebieron mirándose a los ojos -¿Merecemos esto?- preguntó la mujer. -No se trata de merecerlo o no. Es así, simplemente. Tú misma no has tratado de negarlo. ¿Por qué? -Creo tener una razón. -¿La que tenían todos en la oficina? La mujer asintió. -No quise decirte nada. Fue anoche. Y hoy las vecinas hablaban de eso entre ellas. Todas soñaron lo mismo. Pensé que era sólo una coincidencia. -La mujer levantó de la mesa el diario de la tarde-. Los periódicos no dicen nada. -Todo el mundo lo sabe. No es necesario. -El hombre se reclinó en su silla, mirándola.- ¿Tienes miedo? -No. Siempre pensé que tendría mucho miedo, pero no. -¿Dónde está ese instinto de autoconservación del que tanto se habla? -No lo sé. Nadie se excita demasiado cuando todo es lógico. Y esto es lógico. De acuerdo con nuestras vidas, no podía pasar otra cosa. -No hemos sido tan malos ¿no es cierto? -No, pero tampoco demasiado buenos. Me parece que es eso. No hemos sido casi nada, excepto nosotros mismos, mientras que casi todos los demás han sido muchas cosas, muchas cosas abominables. En el vestíbulo las niñas se reían. -Siempre pensé que cuando esto ocurriera la gente se pondría a gritar en las calles. -Pues no. La gente no grita ante la realidad de las cosas. -¿Sabes? Te perderé a ti y a las chicas. Nunca me gustó la ciudad, ni mi trabajo, ni nada, excepto vosotras tres. No me faltará nada más. Salvo, quizá, los cambios de tiempo, y un vaso de agua helada cuando hace calor, y el sueño. ¿Cómo podemos estar aquí, sentados, hablando de este modo? -No se puede hacer otra cosa. -Claro, eso es; pues si no estaríamos haciéndolo. Me imagino que hoy, por primera vez en la historia del mundo, todos saben qué van a hacer de noche. -Me pregunto, sin embargo, qué harán los otros, esta tarde, y durante las próximas horas. -Ir al teatro, escuchar la radio, mirar la televisión, jugar a las cartas, acostar a los niños, acostarse. Como siempre. -En cierto modo, podemos estar orgullosos de eso... como siempre. El hombre permaneció inmóvil durante un rato, y al fin se sirvió otro café. -¿Por qué crees que será esta noche? -Porque sí. -¿Por qué no alguna noche del siglo pasado o de hace cinco siglos o diez? -Quizá porque nunca fue 19 de octubre de 1969 y ahora sí. Quizá porque esa fecha significa más que ninguna otra. Quizá porque este año las cosas son como son, en todo el mundo, y por eso es el fin. -Hay bombarderos que esta noche estarán cumpliendo su vuelo de ida y vuelta a través del océano, y que nunca llegarán a tierra. -Eso también lo explica, en parte. -Bueno -dijo el hombre incorporándose-, ¿qué haremos ahora? ¿Lavamos los platos? Lavaron los platos y los apilaron con un cuidado especial. A las ocho y media acostaron a las niñas y les dieron el beso de buenas noches y apagaron las luces del cuarto y entornaron la puerta. -No sé... -dijo el marido al salir del dormitorio, mirando hacia atrás, con la pipa entre los labios. -¿Qué? -¿Cerraremos la puerta del todo, o la dejaremos así, entornada, para que entre un poco de luz? -¿Lo sabrán también las chicas? -No, naturalmente que no. El hombre y la mujer se sentaron y leyeron los periódicos y hablaron y escucharon un poco de música, y luego observaron, juntos, las brasas de la chimenea mientras el reloj daba las diez y media y las once y las once y media. Pensaron en las otras gentes del mundo, que también habían pasado la velada, cada uno a su modo. -Bueno -dijo el hombre al fin. Besó a su mujer durante un rato. -Nos hemos llevado bien, después de todo- dijo la mujer. -¿Tienes ganas de llorar? -le preguntó el hombre. -Creo que no. Recorrieron la casa y apagaron las luces y entraron en el dormitorio. Se desvistieron en la fresca oscuridad de la noche, y retiraron las colchas. -Las sábanas son tan limpias y frescas... -Estoy cansada. -Todos estamos cansados. Se metieron en la cama. -Un momento -dijo la mujer. El hombre oyó que su mujer se levantaba y entraba en la cocina. Un momento después estaba de vuelta. -Me había olvidado de cerrar los grifos. Había ahí algo tan cómico que el hombre tuvo que reírse. La mujer también se rió. Sí, lo que había hecho era cómico de veras. Al fin dejaron de reírse, y se tendieron inmóviles en el fresco lecho nocturno, tomados de la mano y con las cabezas muy juntas. -Buenas noches -dijo el hombre después de un rato. - Buenas noches -dijo la mujer.

domingo, 8 de noviembre de 2020

Hoy va de cítricos y más...


 Si vives, has vivido o vivirás en la Comunidad Valenciana... No importa el tiempo ni el momento; no podrás decir que no has tocado o tocarás los cítricos auténticos y autóctonos. Y si fuese la respuesta finalmente que no, pues es que no era o no sería tu momento...Pero finalmente cuando consigues un día percibir el tacto de esa fruta aparentemente amarga y a su vez dulce... consigues transportarte a otras dimensiones jamás percibidas hasta el momento. Y no, no me he fumado nada extraño por lo cual estoy escribiendo esto. La cuestión es que cada cosa que hagas y cada cosa que vivas, la sientas desde dentro de ti, ya sea la sensación al tocar una fruta como el latir mismo de tu corazón...

Y una vez en el interior de aquel almacén donde el aroma a cítricos finos te envuelve como te puede envolver un perfume de los más sofisticados y exquisitos que existan...Llega la señora de turno con pinta de saber muy bien lo que está diciendo y te envía a " la zona verde " . Tú en cuestión de pocos segundos te imaginas que debe ser un campo de flores con sus margaritas y mariposas pero evidentemente no es eso. Aquí las palabras son polisémicas , es decir una misma palabra puede tener distintos significados según el contexto... y según el que se le dé...Pero... no he venido a dar clases de lengua castellana, o al menos de momento. Y continuando con la señora de turno, subimos a donde corresponde, una especie de nave espacial pero con mandarinas multicolores en su interior que van cayendo simulando una cascada pura e interminable para terminar acariciando una superficie cilíndrica y giratoria que las acompaña con cariño hasta otro destino final que es la mano delicada " del hombre "...Hombre en general pero en este caso de una mujer porque es lo que en este momento corresponde, sin más. Y entre tanto yo ya me he teletransportado a otra dimensión donde las frutas ya flotan en busca de su lugar idóneo. Y si, finalmente lo encuentran porque así ha de ser y no de otra manera. Y después de tanto flotar... Despierto y continúo con los pies en la tierra , mi gorra en su sitio y mi botellita de agua también en el suyo... Y la vida continúa ...

Fragmento de " El hombre ilustrado " de Ray Bradbury

 En una tarde calurosa de principios de septiembre me encontré por primera vez con el hombre ilustrado. Yo caminaba por una carretera asfaltada, recorriendo la última etapa de una excursión de quince días por el Estado de Wisconsin. Al atardecer me detuve, comí un poco de carne de cerdo, unas habas y un bizcocho. Me preparaba a descansar y leer cuando el hombre ilustrado apareció sobre la colina. Su figura se recortó brevemente contra el cielo. Yo no sabía entonces que era ilustrado; sólo vi que era alto, que alguna vez había sido esbelto, y que ahora, por alguna razón, comenzaba a engordar. Recuerdo que tenía los brazos largos y las manos anchas, y un rostro infantil en lo alto de un cuerpo macizo. Me hablo antes de verme, como si hubiese adivinado mi presencia. -Señor, ¿sabe usted dónde podría encontrar trabajo? -Temo que no -le respondí. -Cuarenta años y nunca he tenido un trabajo duradero -me dijo. Aunque hacía mucho calor, el hombre ilustrado llevaba una camisa de lana, cerrada hasta el cuello. Los puños de las mangas le ocultaban las anchas muñecas. La transpiración le corría por la cara. Y sin embargo no se abría la camisa. -Bien -me dijo al fin-, este lugar es tan bueno como cualquiera para pasar la noche. ¿No lo molesto? -Si usted quiere, me sobra un poco de comida -le invité. Se sentó pesadamente y lanzó un gruñido. -Se arrepentir de haberme invitado -me dijo-. Todos se arrepienten. Por eso no paro en ningún sitio. Aquí estamos, a principios de setiembre, en lo mejor de la temporada de las ferias. Tendría que estar ganando montones de dinero en el parque de diversiones de cualquier pueblo, y aquí me tiene, sin ninguna perspectiva. El hombre ilustrado se sacó un enorme zapato y lo examinó con atención. -Comúnmente conservo mi empleo diez días. Luego algo ocurre, y me despiden. Hoy ningún hombre, de ninguna feria del país se atrevería a tocarme, ni con una pértiga de tres metros. -¿Qué le pasa? -le pregunté. El hombre me respondió desabotonándose lentamente el cuello apretado. Cerró los ojos, y con movimientos muy lentos se abrió la camisa. Luego, con la punta de los dedos, se tocó la piel. -Es curioso -dijo con los ojos todavía cerrados-. No se las siente, pero están ahí. No dejo de pensar que algún día miraré y ya no estarán. Camino al sol durante horas, en los días más calurosos, cocinándome y esperando que el sudor las borre, que el sol las queme; pero llega la noche, y están todavía ahí. El hombre ilustrado volvió hacia mí la cabeza, mostrándome el pecho. -¿Están todavía ahí? -me preguntó. Durante unos instantes no respiré. -Si -dije-, están todavía ahí. Las ilustraciones. -Me cierro la camisa a causa de los niños -dijo el hombre abriendo los ojos-. Me siguen por el campo. Todo el mundo quiere ver las imágenes, y sin embargo nadie quiere verlas. El hombre se sacó la camisa y la apretó entre las manos. Tenía el pecho cubierto de ilustraciones, desde el anillo azul, tatuado alrededor del cuello, hasta la línea de la cintura. -Y así en todas partes -me dijo adivinándome el pensamiento-. Estoy totalmente tatuado. Mire. Abrió la mano. En la mano se veía una rosa recién cortada, con unas gotas de agua cristalina entre los suaves pétalos rojizos. Extendí la mano para tocarla, pero era sólo una ilustración. En cuanto al resto, no sé cómo pude quedarme quieto y mirar. El hombre ilustrado era una acumulación de cohetes, y fuentes, y personas, dibujados y coloreados con tanta minuciosidad que uno creía oír las voces y los murmullos apagados de las multitudes que habitaban su cuerpo. Cuando la carne se estremecía, las manitas rosadas gesticulaban, los labios menudos se movían, en los ojitos verdes y dorados se cerraban los párpados. Había prados amarillos y ríos azules, y montañas y estrellas y soles y planetas, extendidos por el pecho del hombre ilustrado como una vía láctea. Las gentes se dividían en veinte o más grupos, instalados en los brazos, los hombros, las espaldas, los costados, las muñecas y la parte alta del vientre. Se los veía en bosques de vello, escondidos en una constelación de pecas, o hundidos en las cavernas de las axilas, con ojos resplandecientes como diamantes. Cada grupo parecía dedicado a su propia actividad; cada grupo era toda una galería de retratos. -¡Oh! ¡Son hermosas! -exclamé. ¿Cómo podría describir las ilustraciones? Si en lo mejor de su carrera el Greco hubiese pintado miniaturas, no mayores que tu mano, infinitamente detalladas, con sus colores sulfurosos y sus deformaciones, quizá hubiera utilizado para su arte el cuerpo de este hombre. Los colores ardían en tres dimensiones. Eran como ventanas abiertas a mundos luminosos. Aquí, reunidas en un muro, estaban las más hermosas escenas del universo. El hombre ilustrado era un museo ambulante. No era ésta la obra de esos ordinarios tatuadores de feria que trabajan con tres colores y un aliento que huele a alcohol. Era el trabajo de un genio; una obra vibrante, clara y hermosa. -Ah, si -dijo el hombre ilustrado-, mis ilustraciones. Me siento tan orgulloso de ellas que me gustaría destruirlas. He probado con papel de lija, con ácidos, con un cuchillo... El sol se ponía. La luna se levantaba ya por el este. -Pues estas ilustraciones -afirmó el hombre-, predicen el futuro.

domingo, 1 de noviembre de 2020

peras y otros varios...

 


1 de noviembre._

Ayer la gente de unos lugares y de otros posiblemente estuvo celebrando la noche de Halloween. Otros seguramente la castañada etc, etc, etc. Desconozco si la noche del 31 de octubre  hay otros tipos de celebraciones en la península o fuera de ella. Bienvenidas todas las fiestas de todos los lugares del mundo… Yo me abstuve de celebrar ninguna simplemente porque no me apetecía además de tener otros quehaceres  más importantes. Como por ejemplo, practicar encajando peras. Parece una tontería pero tiene su qué. Yo lo comparo con conducir aunque suele extraña la comparación. Cuando nuestro jefe dijo “no hay que pensar solo actuar “lo primero que me vino a la cabeza fue el momento en que yo me saqué el carnet de conducir. Aquel señor examinador decía lo mismo. Y yo no paraba de pensar en si tenía un pie en un lugar o en otro. Esto puede suceder y entiendo que no solamente a mí. Que las cosas cuando se aprenden, el cerebro ya actúa en automático y no piensa. Y tú menos… Solo falta que mientras estés haciendo esa “ operación “ por llamarlo de algún modo... te pongas a pensar qué cocinarás al día siguiente o visualizar mentalmente aquel cuadro de flores las cuales cayeron solas después de infinidad de años… Si señores, todo tiene un fin. Y para fin el de la ciudad de vacaciones, como digo yo la ciudad duerme y en definitiva no sabemos por cuanto tiempo pero tampoco es algo que me preocupe. Si tiene que despertar despertará seguramente o no… Cuando se marche el virus caprichoso que vino para acompañarnos un tiempo porque estábamos demasiado aburridos sin hacer nada… O tal vez haciendo demasiado…

He ido paseando con mi perro hasta el balneario y las calles no respiraban… Me he asomado por una ventana medio empañada por donde se veían un poco las instalaciones. Una luz muy pobre iluminaba una gran piscina palidecida y de ojos tristes pero serena…En ese mismo instante he cerrado los ojos y he podido imaginar una ola gigante agitando sus aguas cálidas y cristalinas  susurrando… despierta…

De vuelta para casa he continuado sin pensar en nada más solamente en el hoy... Donde no existe ni el espacio ni el tiempo…

 

Las torrijas

  Me desperté repentinamente, miré la hora en el móvil, me giré la miré a ella y vi que aún dormía. Me levanté sigilosamente pero“ mis sigil...