19 de noviembre._
Y
pasan los días y las horas y los minutos y segundos…y a pesar de que puedan
sonar contradictorias mis palabras, yo continúo en el mismo lugar; donde no
existe ni el espacio ni el tiempo…
Son
las 20:38, he terminado de cenar y acompañada del silencio he salido al patio
de la casa y me he sentado en las
escaleras a observar mi entorno. A mi derecha, un par de carteles iluminados
por un foco casi apagado al igual que los lugares que indica: “Palacio d’or “hacia
la izquierda y campos de fútbol hacia la derecha. Ninguno de los dos tiene luz
ni tan siquiera oro… Para oro, la hermosa luna que hoy y siempre nos acompaña
porque aunque haya nubes, ella suele dejarse ver siempre por algún lugar del
infinito cielo... Ella es mágica como no puede ser de otra manera,
incondicional, además de puntual y precisa. Si la especie humana fuese un poco
como la luna, posiblemente el mundo sería algo distinto. Pero tampoco he venido
yo a cambiar el mundo aunque si a contribuir a que mejore un poquito. Lo justo
y necesario…
El
perro duerme feliz y los pocos vecinos del entorno respiran en silencio… Y la
magia continúa…

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