Tuve una intuición. Me acerqué a mi perro y le susurré al oído que
era el momento de volver a empezar. La situación de pobreza era global y se
tenía que erradicar. Pandemias, catástrofes y un sinfín de acontecimientos
concatenados y sin límite…
Mi teléfono sonó.
Después de muchos años tenía una oportunidad; me ofrecieron un puesto de encajadora de
cítricos. Y fui la persona más feliz del mundo con el puesto y con “las chicas
Seri “, unas compañeras especiales.
No hay comentarios:
Publicar un comentario