70. LA PARTIDA[70]
Ordené que sacaran a mi caballo del establo. El criado no me entendió. Yo mismo fui al
establo, ensillé al caballo y me monté. Oí cómo sonaba una trompeta en la lejanía, le
pregunté qué significaba aquello. Él no sabía nada, no había oído nada. Me detuvo en la
puerta y me preguntó:
—¿Hacia dónde se dirige, amo?
—No lo sé —le respondí—, pero lejos de aquí, ante todo lejos de aquí, siempre lejos
de aquí, sólo así podré alcanzar mi meta.
—¿Entonces conoce su meta? —preguntó.
—Sí —respondí—, ya te lo he dicho, «lejos-de-aquí», ésa es mi meta.
—Pero no lleva reservas de comida —dijo.
—No las necesito —dije yo—, el viaje es tan largo que moriré de hambre si no
consigo algo en el camino. Ninguna reserva de comida me puede salvar. Por suerte se trata de un viaje realmente exorbitante.

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