El mito de Pigmalión.
Pigmalión y Galatea (h.1890). Gérôme.
Todas las obras donde un mentor transforma a una persona “rústica” en una persona refinada, sofisticada, modelada a su gusto, y luego se enamora de ella, se dice que está basada en el mito de Pigmalión. Dos ejemplos famosos son la obra de teatro justamente llamada Pigmalión, de Bernard Shaw, o la película “Mi bella dama”, dirigida por George Cukor.
Ovidio, en su obra Metamorfosis, cuenta que Pigmalión, rey de Chipre, no encuentra mujer la mujer ideal para casarse. Y al no encontrar la mujer ideal, decide no estar con ninguna.
Entre sus habilidades está la escultura, y un día esculpe una mujer tan bella que bien podría ser su “mujer perfecta”.
La llama Galatea y sus ojos enamorados la ven de tal manera que él le habla, la besa, le regala joyas y hasta la recuesta en su lecho. La diosa Venus, conmovida por el deseo de Pigmalión, convierte el deseo en realiodad y vuelve real a Galatea, le da vida. Y la historia de amor termina de manera inmejorable.
El mito de Pigmalión puede ser por mmentos parte de nuestra vida, cuando (seguramente comentiendo un error) queremos modelar a las personas de acuerdo a nuestro nuestro gusto para poder quererlas.
También existe para la ciencia el llamado “efecto Pigmalión”, que habla de cómo las expectativas que tenemos sobre una persona condicionan, en buena medida, el desarrollo de las habilidades o conductas de esa persona.
Pero volvamos al campo del arte: Pigmalión nos recuerda que todo artista crea porque hay algo que necesita y no existe. Algo le “falta” y entonces lo tiene que crear. Los grandes artistas crean con su arte su propio universo.
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