19 de agosto._
Son
las 17:25 y he salida al patio con la gallina. Por lo que estoy viendo ya no
podemos estar la una sin la otra porque antes de salir me he preparado la mesa
y todos mis utensilios y el pobre animal ya estaba dando vueltas esperándome.
Muy romántico todo. Quien no se conforma es porque no quiere. Así es la vida. Cuantas personas querrían tener un patio como éste o incluso menos. No tiene precio. Y para los mosquitos me he instalado una
barrera de protección y como para que venga nadie a molestarme. Ni los
mosquitos ni los moscones de ninguna clase. Corre un poquito de brisa y aunque
no sea marina pues me sirve porque el aire es mejor que todo eso. A veces la
brisa marina puede ir acompañada de arena y esto para la sensibilidad de mis
ojos no va demasiado bien. Con la edad te vas volviendo cada vez más exigente.
Creo que la gallina me entiende. Ahora me ha venido a la cabeza que estaría bien
ponerle un nombre o quizás no… no sé… Pues no, pensándolo mejor, sin nombre, se
queda con “la gallina “y ya sabemos que es ella y que no puede ser otra.
Cuantas horas me ha acompañado durante el estado de alarma y posiblemente yo a
ella porque no tengo duda que todos los animales del planeta por diminutos que
sean tienen su pequeño gran corazón.
Y
seguimos como no puede ser de otra manera. Ahora ha cesado un poquito el aire y
se han dejado caer de la higuera dos tórtolas. Pero realmente ha sido visto y
no visto, volvieron a retomar rápidamente su vuelo. Y la magia nos envuelve…

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